
Transformar la economía global para garantizar el derecho a la alimentación para todas las personas: democratizar la gobernanza económica mundial
Sin embargo, la forma en que hoy operan los sistemas alimentarios —desde qué se produce y consume, hasta dónde, cómo y cuándo se obtienen los alimentos—está cada vez más determinada por normas desiguales que rigen la economía mundial. Las materias primas agrícolas y los productos alimentarios industriales ocupan un lugar central en la actual división internacional
del trabajo, y son factores clave en la concentración del poder corporativo que define el patrón dominante de la globalización. No obstante, en las últimas décadas, esta compleja red de relaciones agroalimentarias económicas se ha ido desconectando progresivamente de la tierra, los territorios y las comunidades.
Con la expansión de las cadenas globales de valor, la producción y el consumo de alimentos han dejado de responder a lo que está disponible, es culturalmente adecuado, ecológicamente sostenible y suficiente en cada territorio, para guiarse por lo que resulta más rentable para los actores corporativos que dominan el mercado. La financiarización de la alimentación y la agricultura —una tendencia que se ha intensificado desde la crisis económica mundial de 2008, con la creciente participación de fondos de ensiones, firmas de capital privado, fondos de cobertura y fondos soberanos en inversiones agrícolas y sobre tierras— ha configurado los sistemas alimentarios de formas sin precedentes también mediante la desmaterialización y digitalización